Viajando por Perú

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Month: December 2017

El Cerro San Cristóbal de Lima

La historia de la colina de San Cristóbal

A poco de fundarse Lima, capital del Virreinato del Perú, los castellanos colocaron una gran cruz de madera en la colina más cercana a la ciudad. Esta primera cruz de San Cristóbal fue destrozada por los incas durante el cerco de Lima en 1536; en nombre del Sol y de las divinidades tutelares del Tahuantinsuyo.

Fue por esos días que los incas, decidieron dar la orden de avanzar sobre Lima. Encargaron esta campaña a uno de sus más hábiles guerreros: Hanancuscos, quien ya había destacado en el sitio del Cusco. Titu Yupanqui era representante real en el ejército, que marchó sobre las regiones yungas del litoral.

Una vez dada la orden, desde Ollantaytambo salió un ejército cusqueño con la misión de arrojar al mar a los españoles. Mientras tanto, habría de continuar el ataque a Cusco, donde resistía Hernando Pizarro, con cerca de doscientos españoles.

Tras vencer las resistencias iniciales, las tropas de Cusco descendieron a los llanos, poniendo asedio a Lima. Por varios días se libraron combates caros en vidas para los dos bandos: unos defendían la plaza y los otros querían tomarla. Y cierto día “amanecieron los indios más cerca, en una sierra grande, que estaba de ellos cubierta, que cosa de ella al parecer no se divisaba, de donde quitaron e hicieron pedazos una cruz grande de madera que estaba puesta en lo alto del camino que va a la mar y al puerto”.

Gran violencia reinaba en las filas de los incas, y bailaron al paso de un ave que defecó en todos, quitado ya el símbolo protector de los cristianos. Pero ya habían llegado los indígenas Huaylas para defender a sus aliados hispanos en el combate. En este último combate, perdieron los guerreros de Cusco. Muertos sus capitanes, los incaicos se retiraron.

Los españoles contaron con cuatrocientos hombres, de ellos doscientos de caballería. Pronto se recibieron en Lima trescientos hombres más de refuerzo. Y, desde un principio, combatieron al lado de los conquistadores varios miles de indígenas cristianos y enemigos de los cusqueños, “los cuales, haciéndoles espaldas a los españoles, peleaban muy bien y era causa de reservarse de grandísimo trabajo los caballos, porque de otra manera no lo pudieran sufrir”.

Poco después de romper del todo el bloqueo de Lima, se libraron las furiosas batallas de Pachacamac y de Rumichaca. Éstas costaron decenas de vidas a los hispanos, incalculable número de indígenas aliados, esclavos negros y caballos. Para entonces Francisco Pizarro había dispuesto que en la cumbre “se ponga en él, otra cruz como la que los indios quitaron”. El cerro se bautizó con el nombre de San Cristóbal, porque en su día se ganó la batalla.

Antes de la conquista, los antiguos peruanos ascendían a la cima para llevar ofrendas y sacrificios a sus dioses. Ahora, los españoles y misioneros lo hacían rezando el Vía Crucis y rememorando las estaciones de Jesús. Esa tradición continúa hasta ahora. El párroco Francisco Aramburú organizó en el año 1929 la primera peregrinación a la Cruz de San Cristóbal. Se realiza el primer domingo de mayo.

El Día de los Muertos en México

¿Qué es el Día de Muertos?

Desde la época prehispánica en México, los indígenas han rendido culto a la muerte y la han concebido como una dualidad de vida, parte del ciclo de la naturaleza.

Al llegar los conquistadores, el culto a la muerte se fusionó con la religión católica, dando origen a la tradición del Día de Muertos durante el 1 y 2 de noviembre de cada año. En estas fechas los mexicanos celebramos a nuestros muertos acudiendo a los panteones para adornarlos con flores. A su vez, en nuestros hogares colocamos altares, para que las almas queridas abandonen el más allá y vaguen unos cuantos días por el mundo, visitando a su familia, su casa y amigos.

¿Qué tiene un altar de muertos?

Alimentos, veladoras, incienso, licor, flores, fotografías, música y objetos personales del difunto. Todo son ofrendas que se preparan con respeto por los familiares para recordar a los que se han ido. Calaveras de dulce, pan de muerto, dibujos que se burlan de la muerte; versos que ridiculizan a personajes vivos de las artes, la ciencia o la política son parte de esta tradición y hacen referencia al célebre dicho popular: ‘el muerto al cajón y el vivo al fiestón’.

¿Cuál es el objetivo del Festival?

Lograr la participación activa de la sociedad, comunidades mayas y artistas. En ella, se integra la diversidad cultural en la celebración del Día de Muertos, con la recuperación de prácticas étnicas tradicionales y contemporáneas.

Festividades indígenas dedicadas a los muertos

Para los pueblos indígenas de México, las prácticas y tradiciones para celebrar a los espíritus de los antepasados, constituyen una de las costumbres más profundas y dinámicas que se realizan, así como uno de los hechos sociales más representativos de su vida comunitaria.

Las ceremonias realizadas cada año dedicadas a los muertos, representan el encuentro con sus antepasados y los integrantes de la comunidad. Esto ayuda a la interacción de las familias y de comunidades enteras. Por otro lado, se observa un amplio horizonte de concepciones que se han enriquecido a lo largo de los siglos.

El Culto Maya a la muerte y la práctica contemporánea del Hanal Pixán

Los mayas expresan un profundo interés por la muerte. Este se puede ver en sus manifestaciones artísticas durante distintas épocas.

Para los mayas, los muertos tienen vida, y por tanto, sus espíritus tienen necesidad del sustento tanto como los vivos. Por esta razón les preparan los guisos que solían disfrutar en vida. A lo anterior se suma la festividad católica de Todos los Santos y la liturgia de los Fieles Difuntos. Ambas tienen una larga tradición que se fusionó con el cristianismo introducido por los españoles. De ellas, nació la Práctica del Hanal Pixán. Ésta ayuda a reunir a la mayor cantidad de sus integrantes.

Es una época de retornos: los vivos, que se ausentaron, regres,an para participar en los preparativos de la celebración. Es entonces cuando vivos y muertos se reúnen de nuevo. Así, de familia en familia esta tradición se continúa manteniendo a través de los siglos.

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